-Pueblo, pueblo, pueblo-
decía Vernice con el movimiento casi circular del caballo por debajo de sus piernas.
-Pueblo, grande y tibio-
Volvía a repetir
Vernice, ahora un poco menos convencido de estar haciendo algo
allí.
Corrían los granos de arena todos en conjunto, lejos del caballo, y
Vernice a duras penas si los llamaba con la mirada,
quería que lo cubrieran de polvo,
quería tener de que limpiarse cuando pisara firmemente la taberna. Pero la arena lo miraba de reojo y se elevaba a lo que mas le diera el viento.
-Ya ves que no es la arena para todo el mundo, habemos unos cuantos que necesitamos de cortinas de arena, de un poquito de polvo amarillo que oscurezca lo que tanto amedrenta, y limpios vivimos como si no
saliéramos del agua-
De pronto salio un
hombrecito, con una camisa roja y una aurora de polvo amarillento flotando a su alrededor.
-Y habemos otros, que no podemos quitarnos la arena de encima- dijo
Vernice con
vocesita clara y juguetona (a decir verdad un tanto envidiosa)
Bajo del caballo y lo tomo de la rienda para caminar mas lento entre las calles, haber si
así se le pegaba la arena, pero nada, tan limpio como siempre. -Hay que
engañar al cerebro- pensaba y se
repetía en el fuero interno mientras marcaba las espuelas de las botas por todo el camino hacia la taberna.
Y
allí estaba frente a la puerta tan
rápido como lo
había esperado, y dando el paso para flanquear el umbral no pudo evitar fijarse en sus botas que brillaban en su pulcritud, y se
enfureció un poco. Se freno en seco y se quedo
contemplando las botas, y no fue sino levantar la
mirada para encontrarse con el
pequeño Tailer.
-Ya ves que si ha vuelto el buen
Vernice, y tan limpio como siempre-
Frunció el
ceño y miro a
Tailer con claro desagrado, el chico
seguía sin comprender que
podía tener de malo su cumplido,
así que rebuscando en su memoria
volvió a abrir la boca -Es muy bueno estar limpio buen
Vernice, eso dice siempre mi madre cuando vuelvo a casa lleno de polvo-
Y el desagrado se marco en 3 lineas sobre la frente. -Le molesta que yo este sucio?, buen
Vernice, puedo limpiarme ahora mismo-
Pero ya
aquí la paciencia, que de por si siempre
había hecho falta escaseo en
demasía; y el pobre de
Vernice en su pulcritud absoluta, tomo un
puñado de arena entre los dedos y lo
roció sobre su cabeza. El chico
Tailer lo miro perplejo, y
Vernice comprendio que al fin estaba sucio,
así que entro triunfante a la taberna imaginando como destilaba polvo.
Sonrió al camarero y fue a verse en e gran espejo del rudimentario
baño; pero los ojos lo
engañaban, no
veía gran diferencia. Y entonces entro el camarero y
Vernice apurado se vuelve y le pregunta -Que tal estoy?-
Lo mira, y lo detalla un poco, y luego con una sonrisa de servicio, el camarero agrega -Estupendo buen
Vernice, tan limpio como siempre-